La vida de un emprendedor es la fase más torturante para todos los que quieren iniciar un proyecto, te enfrentas a las expectativas de la gente y te enfrentas a ti mismo; pones a prueba tus capacidades pero indiscutiblemente pones a prueba tu perseverancia y tu actitud. Tienes que aprender a superar error tras error y aun así, seguir sonriendo.

Tienes que dedicar más tiempo a tu proyecto que al que dedicarías a un empleo ordinario. Generas grandes ideas pero te es difícil ponerlas en práctica, te das cuenta que muchas veces encontrarás barreras y paredes que te impedirán llegar a tu objetivo y sin dudarlo harás una cuerda para saltar al otro lado y continuar.

Ser emprendedor es como entrar en el limbo, donde ya no puedes regresar a tu vida ordinaria, porque esta puerta se sella en el momento que empiezas a dejar la realidad, para adentrarte en el cómo será si haces tangible tu idea, empiezan los desvelos tratando de encontrar la manera más efectiva de llevarla a cabo, haciendo notas en una servilleta y planeando los pasos a seguir en el reverso de un volante.

Y finalmente entras en esta fase donde la escapatoria es casi nula y solo queda desistir o triunfar, ¡Pero cuidado! Estar mucho tiempo aquí te puede llevar al confort y te puedes quedar atrapado en esta trampa. Habrá miles de puertas y puede que la primera sea la correcta, aunque la mayoría del tiempo te darás cuenta que tras encontrar una y seguirla por un largo tiempo, te llevarán de nuevo al inicio. Pero no te preocupes, si eres inteligente ocuparas ese trayecto para pensar en la estrategia que ocuparas al escoger la siguiente puerta. Podrán pasar días, meses, años en este camino, y tal vez encuentres a otros que deseen acompañarte, ¡invítalos! Ellos serán imprescindibles para no declinar en este camino. Tal vez ellos vean la primera salida y salgan antes que tú, descuida si no es la puerta que buscas tendrás que seguir.

Si el plan no funciona cambia la estrategia pero no la meta. ¡¡Y nunca olvides algo!! Disfruta todo este proceso,  si fracasaste, disfruta ese fracaso; si tuviste un acierto disfruta ese acierto; Si tuviste un logro, disfruta ese logro; Si cometiste un error, aprende de ese error. Pero nunca, nunca te rindas y cuando tengas esa sensación, detente, toma un respiro, observa el panorama y continua.

Al final solo tú sabrás cuando haya llegado ese momento en el que dejas la etapa del emprendedor y sabrás que todo ese viaje valió la pena, porque nadie más lo hizo, porque pese a las expectativas no declinaste, porque no te quedaste con la duda y diste el primer paso y porque ante el esfuerzo que tal vez nadie noto diste resultados.